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¿Necesita mi municipio una app? 6 preguntas honestas antes de gastarse el dinero

¿Necesita mi municipio una app? Seis preguntas honestas antes de gastar
// RESPUESTA RÁPIDA

En Comboi Labs construimos apps para ayuntamientos, y aun así la respuesta honesta es que no todos los municipios la necesitan, al menos no todavía. Antes de abrir el expediente, contestad seis preguntas: ¿ya tenéis un canal que funcione?, ¿qué problema concreto resuelve que no resuelva ya otro?, ¿hay alguien que se vaya a hacer cargo de verdad?, ¿podéis pagarla no solo este año sino los siguientes?, ¿sabéis en qué normativa os metéis desde el primer día? y ¿vuestros vecinos usan el móvil para este tipo de cosas? Si respondéis «no» a dos o más, probablemente el dinero rinde mejor reforzando lo que ya tenéis, y se vuelve a mirar el año que viene.

Que esto lo escriba un estudio que vive de hacer estas apps no debería sorprender: es la misma lógica «sin humo» con la que damos precios reales en vez de vender lo que sea. Un proyecto que nace del sitio equivocado —«nos lo han pedido en el pleno», «lo tiene el pueblo de al lado»— acaba costando más de lo que parece: se lanza, no la usa nadie, y el año siguiente hay que explicar en qué se gastó el presupuesto de digitalización.

Estas seis preguntas son las que hacemos nosotros mismos antes de proponer un proyecto, y las que deberíais poder responder antes de sacar el expediente, sea con nosotros o con cualquier otro proveedor.

1. ¿Ya tenéis un canal que de verdad llega a los vecinos?

La web municipal, la página de Facebook, un grupo o boletín de WhatsApp: si alguno de esos canales funciona —se actualiza, la gente lo consulta, las quejas por falta de información son raras—, una app tiene que aportar algo que ese canal no da, no limitarse a repetirlo en otro formato. Lo desarrollamos con más detalle en por qué el bando ya no llega a nadie: cada canal alcanza a una parte distinta de la población, así que la pregunta no es «¿tenemos algún canal?» sino «¿a quién no le está llegando nada de lo que ya hacemos?».

Si la respuesta sincera es que la comunicación ya funciona razonablemente bien y el problema es otro —por ejemplo, que un grupo de WhatsApp se os ha ido de las manos—, puede que lo que necesitéis no sea una app entera sino ordenar ese canal concreto.

2. ¿Qué problema concreto resuelve que no resuelva ya otro canal?

Esta es la pregunta que separa un proyecto con sentido de uno que nace de la presión social. Ejemplos de problemas concretos que sí justifican una app: avisos segmentados por zona cuando hay riesgo de inundación o incendio, que desarrollamos en cómo preparar los avisos de emergencia; un canal de incidencias vecinales con foto y ubicación que hoy se gestiona por llamadas sueltas; o sustituir un grupo de WhatsApp que ya no cumple su función.

Ejemplos de motivos que no son un problema, aunque se sientan como uno: «el pueblo de al lado ya tiene una», «hay una subvención y hay que gastarla en algo», o «queda bien en el programa electoral». Ninguno de los tres dice qué va a hacer un vecino con la app que no pueda hacer ya de otra forma, y una app sin ese «para qué» concreto se instala una vez y no se vuelve a abrir.

3. ¿Hay alguien que le vaya a dedicar tiempo de verdad?

Una app municipal no funciona sola. Alguien tiene que redactar los avisos, revisar y responder las incidencias, mantener actualizada la agenda de eventos y decidir qué notificaciones se mandan y cuáles no —lo tratamos en cuántas notificaciones mandar sin que el vecino la desinstale—. Si esa tarea no tiene a nadie asignado, con un rato reservado cada semana, la app se llena de contenido desactualizado en el primer mes y los vecinos aprenden rápido que no merece la pena consultarla.

No hace falta un puesto nuevo ni conocimientos técnicos: la mayoría de paneles de gestión están pensados para que los use personal de comunicación o administración sin perfil informático. Lo que hace falta es que alguien la sienta como parte de su trabajo, no como una tarea añadida que se posterga siempre.

4. ¿Podéis pagarla, no solo este año sino los siguientes?

El coste de desarrollo es solo la primera factura. Las tiendas de aplicaciones obligan a republicar y mantener la app al día aunque no cambie ninguna funcionalidad, y a eso se suman servidores y soporte: la cuenta completa está en cuánto cuesta mantener una app municipal al año, y el punto de partida en cuánto cuesta desarrollarla. Si el proyecto se financia con una subvención puntual —hay un repaso en qué subvenciones existen para digitalización municipal— hay que preguntar qué pasa el año que la subvención no esté: una app que se lanza con fondos europeos y se abandona a los dos años por falta de presupuesto ordinario es peor que no haberla lanzado, porque además quema la confianza del vecino que se la instaló.

5. ¿Sabéis en qué normativa os metéis desde el primer día?

Esto no depende del tamaño del municipio ni se puede dejar para «más adelante». Desde el momento en que la app existe, entran en juego la accesibilidad del Real Decreto 1112/2018, el tratamiento de datos personales del RGPD y, si trata información de servicios públicos, el Esquema Nacional de Seguridad. Ninguna de las tres es opcional ni se puede posponer a una segunda fase: hay que contarlas en el presupuesto y en el contrato desde el primer expediente, no descubrirlas cuando llegue la primera reclamación o auditoría.

Si la normativa municipal os resulta nueva, mejor leerla antes de decidir que después de firmar: cambia lo que cuesta el proyecto y lo que hay que pedirle al proveedor, algo que también tratamos en qué preguntarle a un proveedor antes de firmar.

6. ¿Vuestros vecinos usan el móvil para este tipo de cosas?

No hace falta un estudio de mercado, pero sí una mirada honesta a quién vive en el municipio. Un pueblo con mucha población mayor que resuelve casi todo en persona en el ayuntamiento va a tardar más en adoptar una app que uno con mucha segunda residencia o teletrabajadores acostumbrados a gestionarlo todo desde el móvil. Ninguno de los dos perfiles hace que la app sea mala idea, pero sí cambia lo que hay que esperar de ella el primer año y si conviene mantener en paralelo, y reforzados, los canales que ya funcionan para quien no la use nunca. Una app nunca debería ser el único canal.

Cómo leer vuestras respuestas

Si la mayoría de respuestas son…Lo razonable es…
Casi todo «sí», con un problema concreto identificadoSeguir adelante y mirar qué debe incluir y qué modelo de app conviene según el tamaño del municipio.
«No» en dedicación o en presupuesto recurrenteEsperar. Son las dos preguntas que peor perdonan: sin alguien que la cuide y sin dinero para mantenerla, el proyecto fracasa aunque el desarrollo sea perfecto.
«No» en el problema concreto («no sabría decir para qué»)Reforzar primero el canal que ya tenéis. Volved a esta lista dentro de un año.
Dudas en varias a la vezHablarlo con quien vaya a construirla antes de sacar el expediente. Un buen proveedor os dice si no toca todavía, no solo si toca.

Cómo lo planteamos nosotros

En las primeras conversaciones con un ayuntamiento hacemos estas mismas seis preguntas antes de hablar de presupuesto. Alguna vez la respuesta ha sido «con lo que tenéis ahora no hace falta, reforzad primero el canal que ya usáis», y lo hemos dicho aunque eso significara no facturar ese proyecto. Cuando la respuesta es que sí, que hay un problema concreto y alguien dispuesto a cuidarlo, el siguiente paso es decidir el modelo: podéis verlo en app propia o plataforma de suscripción, según el tamaño del municipio. Y si queréis ver cómo queda una vez en marcha, ahí está la app del Ayuntamiento de Benissa, en uso por los vecinos desde su lanzamiento.

Preguntas frecuentes

?¿Cuándo NO conviene hacer una app municipal?+

Cuando ya tenéis un canal que llega bien a los vecinos y nadie se queja de falta de información, cuando no hay quien pueda dedicarle tiempo de forma continuada, o cuando el motivo real es que «el pueblo de al lado ya tiene una» y no un problema concreto. En esos casos el dinero suele rendir más reforzando lo que ya existe.

?¿Qué problema tiene que resolver para que merezca la pena?+

Uno que los canales actuales no resuelvan bien: avisos segmentados por zona en una emergencia, un canal de incidencias con foto y ubicación, o sustituir un grupo de WhatsApp ingobernable. Si no sabéis nombrarlo en una frase, probablemente aún no toca.

?¿Es verdad que mantenerla cuesta dinero todos los años?+

Sí. Las tiendas obligan a republicar y actualizar la app aunque no cambie nada, y hay que sumar servidores, cuentas de desarrollador y soporte. Es un gasto recurrente, no algo que se cierre el día del lanzamiento.

?¿Desde qué tamaño de municipio tiene sentido plantearse una app?+

No hay un umbral de población que lo decida por sí solo. Hay municipios pequeños donde tiene mucho sentido porque resuelve un problema concreto, y municipios más grandes donde no aporta nada que ya no resuelva la web. Deciden las seis preguntas, no el padrón.

?¿Qué normativa asume un ayuntamiento al lanzarla, aunque sea pequeño?+

Desde el primer día: accesibilidad (RD 1112/2018), protección de datos (RGPD y LOPDGDD) y Esquema Nacional de Seguridad (RD 311/2022). No dependen del tamaño ni son opcionales para «más adelante»: hay que contar con ellas desde el primer expediente.

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¿No tenéis claro si os hace falta una app?

Hablamos 30 minutos, repasamos estas seis preguntas con vuestro caso concreto y os decimos qué pensamos, aunque la respuesta sea que no toca todavía.

Hablemos → hola@comboilabs.com